El vino perfecto para cada ocasión

El vino es imprescindible en cualquier evento que incluya comida y en algunos casos, aun sin comida. Su elección es delicada y puede determinar en cierta medida el éxito de nuestro evento.

vino

Maridaje de vinos. Fotografía de Udronotto

Antes de revisar la mejor elección del caldo, echemos un vistazo a los elementos necesarios en el acompañamiento del vino. La copa en la que se degustará es esencial. Debe ser completamente transparente para permitir disfrutar el color y la caída del vino y nunca debe llenarse más de una tercera parte ya que eso permite al vino expandir su perfume. Las botellas deben descorcharse más o menos una hora antes de servirse y a ser posible, deben descansar en un decantador.

La temperatura es otro elemento imprescindible para acertar con nuestros vinos. Los vinos tintos deben presentarse con entre los 16º y los 18º C para que conserven todos sus matices. Los tintos jóvenes pueden bajar un poco la temperatura anterior y son perfectos entre 12º y 15º C, los crianzas entre 16º y 18º C y las grandes añadas a 20º C.

Los blancos jóvenes secos se tomarán frescos pero no muy fríos. La temperatura adecuada está entre 7º y 10º C. Los blancos dulces pueden servirse un poco más fríos, en los 6º C. Para los blancos crianza la oscilación está entre los 10º y 12º C a temperaturas más bajas se pierden ciertos aromas. Las manzanillas y los finos se deben servir entre 7º y 10º C.

Para los vinos rosados, la horquilla de temperatura está entre los 6º y los 8º C.

Los cavas deben servirse entre 5º y 7º C.

Es importante recordar que nunca debemos servir ningún vino por debajo de los 5º ya que perderemos todo su aroma ni tampoco por encima de los 19-20º C.

El vino es el gran compañero de cualquier pieza gastronómica pero para ello el maridaje es imprescindible. Hablemos de los mejores matrimonios. Para acompañar verduras, utilizaremos vinos ligeros, blancos, rosados y tintos jóvenes. Para sopas utilizaremos blancos secos y con cuerpo y rosados. Acompañando a fiambres y embutidos, nada mejor que tintos ligeros, rosados con cuerpo y blancos secos

Los quesos nos permiten un compañero más duro, tintos fuertes para quesos de alto sabor y blancos secos y semisecos para quesos medios, suaves y blancos. El champagne brut combina a la perfección con cualquier tipo de queso.

Para arroces y pastas utilizaremos tintos ligeros, rosados y blancos con cuerpo.

Las carnes rojas nos permiten emplear tintos con mucho cuerpo.

Para pescados la mejor elección son los blancos secos o semisecos con cierto cuerpo. En algunos casos también podemos llegar a rosados o tintos ligeros siempre que estemos hablando de pescados con carácter como el pescado azul. El marisco se acompaña a la perfección con blancos secos o semisecos, Jerez y rosados fuertes.

Y para terminar, los postres regados con vinos generosos como manzanillas o finos o casi cualquier tipo de champagne menos brut son un acierto.

En cualquiera de las elecciones que hagamos para maridar nuestros platos debemos tener en cuenta siempre que los vinos deben ser ligeramente más suaves que los platos a los que acompañan.

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Acerca de anagaliano

Apasionada por sentirme bien, por dentro y por fuera
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